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Biografía

VIDA Y MILAGROS DE ESPIRITA

Biografía

Nací en Guadalajara el 16 de junio de 1985, en una familia de funcionarios. Crecí pensando que todo lo que nos rodeaba tenía alma, de la misma forma que la tenía yo, daba igual que fuera un árbol, un perro o una ardilla. Pasé mis primeros veranos mojando el culo junto a mi hermana en la Playa del Camello, en Santander, donde vivían mis abuelos y mi tío. El resto del año lo pasaba haciendo grandes esfuerzos para no aprender lo que en el colegio trataban de enseñarnos. Cuando mis compañeros se enfadaban conmigo me llamaban “marica”. Marica por cruzar las piernas, marica por jugar con las niñas, marica por no ser hábil con el fútbol y una larga lista de cosas que consiguieron que creciese con miedo a mostrarme tal y como era. Me encantaban las cosas que brillan, los animales, los objetos que se mueven en el aire, nadar y tenía un caballo imaginario que se llamaba Relámpago. Pero todas estas cosas las guardaba para mí. A los 12 años compré mi primera camisa de Motörhead, y me alisté en las filas de la oscuridad, ya tenía mis primeras botas con punta de acero y la enemistad del cura del colegio. Luego me dio por patinar, el aire en la cara, la velocidad, las escaleras que dejaron de tener peldaños y movía mi cuerpo al ritmo del rap. ¿Mi primer contacto con la poesía? Quizás. A los 14 años veo una escena de “Una Canción de Amor” de Jean Genet, en la que dos presos que están en celdas separadas, se pasan el humo de un cigarro por un diminuto agujero usando una brizna de paja. Esa imagen me persigue durante años. Me cambia la vida.

No fue hasta los 16 años que escribí mi primer poema, “Princesa Trascendente” se llamaba y ya no hice otra. Dejé de patinar cuando conocí a Marilyn Manson midiendo un metro ochenta ya. Camisetas negras, medias en los brazos, collares de pinchos y Allan Poe y Stephen King y Oscar wilde, el Marques de Sade y el cine. Cuando descubro que la realidad es un lugar inhóspito para un adolescente me refugio en el cine. Lynch, Kubrick, Larry Clark, Bigas Luna, Julio Medem me señalan dónde encontrar las palabras que poblarían mis poemas.

A los 18 años conozco lo que es el amor de manos de una chica, sí una chica y me enseña que las cosas no son tan sencillas y que nada es absoluto. Pero no vuelvo a encontrar en las demás, lo que vi en ella. A los 22 muere mi padre, y descubro que las cosas buenas de la vida también se acaban. Tristeza absoluta. Pero esta vez me refugié en el color y en las letras naífs de grupos como La Buena Vida, Pauline en la Playa, Nosoträsh… En el verano de los 23 cuando ya había terminado de estudiar animación sociocultural, me enredo en los brazos de un chico en un festival de verano, volviendo con un solo beso a mi más tierna adolescencia.

Estudié magisterio de inglés en la Universidad de Alcalá con la esperanza de poder aliviar todo el dolor que sufrí en el colegio, pero me di cuenta de que nada había cambiado y odié la carrera con todas mis fuerzas pensando que jamás llegaría a terminarla. Un año antes, conozco a Cristian, un arquitecto segoviano del que me enamoro profundamente y me enseña que las cosas buenas llegan cuando menos te lo esperas. En un viaje a Lisboa junto a Cristian y mis amigos Israel y Luis, cambio mi apellido por el de Espirita y animado por su energía y vitalidad decido retomar en serio la poesía, me dedico a crear fanzines, como “Crealluiva”, “Cuadernos de Dinosaurios” y “Hombre”. Mis textos tienen un poco de todos los poetas que han acompañado mi vida, el erotismo sórdido de Genet, de Cooper, de Cocteau, la luminosidad de la generación Beat, el amor por las poetisas como Anne Sexton, Joyce Mansour o Gloria Fuertes. Es entonces cuando gracias a una fuerte crisis personal, empiezo a analizar mi vida y a escribir Niño Marica. Y dejé por fin pasar la luz, porque de nada sirve aceptarse si no es con la convicción de que eres un ser único y perfecto. A los 29 años de manos de mi amiga Diana conozco lo que son las escuelas libres y me especializo en educación autodidacta, participando en distintos proyectos educativos. Dejo de ver a lxs niñxs como proyectos de futuro y como seres incompletos y me centro en acompañar su deriva personal , que es el proceso que una persona sigue cuando se le permite explorar en función de sus intereses, necesidades y deseos. A los 30 años, se publica mi primer poemario Niño Marica y a los 3 meses de comenzar su venta, se presenta la segunda edición.

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